El espejo de la queja y el linaje de nuestras mujeres

El espejo de la queja y el linaje de nuestras mujeres

Esta semana se la dediqué a la herida de la niña interior, en honor a mí y a todas las mujeres de mi familia. También, a todas aquellas con las que compartimos la experiencia —consciente o inconsciente— de llevarle amor y sanación.

Durante mucho tiempo me dediqué a escuchar a otras mujeres. Mi antiguo trabajo me enseñó a oír quejas para ofrecer soluciones, y me di cuenta de que todas decían lo mismo: "no me dan", "no tengo", "no me escuchan", "no me explican", "no me entienden", "no puedo". Trabajé 19 años para una empresa de servicios y podía ver, en cada llamado que atendía, a un niño interior herido o a una niña interior enojada. Y con todo el sentido del mundo.

Cada proceso terapéutico que transité me enseñó que un adulto en estado niño reclama, se enoja, reprocha, no escucha y se siente víctima. ¿De qué? De todo lo que le haya faltado en su infancia. Y de grande, traslada ese reclamo inconsciente a todo lo que le hace de espejo a esa herida (escasez, carencia, pobreza, ausencia, abandono...).

Y sí, estas personas, disfrazadas de clientes que reclamaban un descuento, en realidad espejaban a integrantes de mi propia familia. Poder verlas ya sin juzgarlas fue profundamente liberador, porque me corrió a mí misma de ese rol.

Avanzar cada año asumiendo la autoridad sobre mi salud física, emocional y financiera me permitió trazar un camino distinto al del linaje de mujeres que no lo lograron, que no se animaron o que simplemente no pudieron. Hoy puedo decir que hice honor a sus historias. Conocerlas en su vulnerabilidad a través del reflejo de otros me conectó con la esencia real que mi familia tenía guardada para mí: el respeto por ser quien soy. Me permitió dejar caer las viejas estructuras, los antiguos mandatos y las creencias que acortaban mi estabilidad.

Dedico esta semana a todas las que, como yo, siguen buscando sanar el origen; para que al volver a él, podamos consagrar nuestra existencia en puro amor, tal como fuimos concebidas.

¿Te resuena esta historia? ¿Sentís que estás atrapada en ese mismo reclamo inconsciente o repitiendo los pasos de las mujeres de tu árbol?

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