Venimos de generaciones de mujeres a las que les enseñaron que callar era la mejor opción. Mujeres que soportaban en silencio, que ocultaban lo que realmente sentían o necesitaban para no incomodar, para sostener a la familia o, simplemente, porque "así eran las cosas". Las crianzas de otras épocas venían con un manual muy estricto: el deber ser importaba mucho más que el sentir propio.
El tema es que todo eso que ellas no pudieron decir o resolver, no desaparece. Queda dando vueltas en la historia familiar. Y muchas veces, por una lealtad invisible hacia nuestras madres o abuelas, terminamos repitiendo esos mismos patrones. Nos encontramos aguantando situaciones que no nos hacen bien, o guardando cosas por miedo al qué dirán, cargando un peso que no nos corresponde.
Acá es donde se vuelve clave mirar nuestro árbol. Al aplicar nuestro método para abordar lo transgeneracional, lo que hacemos es empezar a desarmar estos hilos. No se trata de culpar a las que vinieron antes, porque hicieron lo que pudieron con las herramientas que tenían. Se trata de poder ver esa carga, reconocer de dónde viene y elegir devolverla. Cuando empezamos a ordenar nuestro lugar en el sistema, podemos soltar esos mandatos y dejar de repetir historias ajenas. Es un trabajo necesario para dejar de ocultarnos y empezar a estar más livianas.
Por todo esto es que hoy te quiero recomendar que veas la película "18 regalos". La podés encontrar en Netflix.
Es una historia que refleja de una manera muy clara el peso de los vínculos, las herencias y cómo estas cosas trascienden el tiempo. Mirala con atención, fijate qué te resuena y cómo se conecta con tu propia historia familiar.
¿Sentís que venís cargando con historias o silencios de las mujeres de tu familia? Me encantaría leerte en los comentarios.
0 comentarios